lunes, 23 de febrero de 2009

Vaya! No era nicaragüense!!

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Arena y la señora de Jalponga

Salvador Ventura

Los frijoles, la carne y los lácteos que los salvadoreños consumimos, vienen de Nicaragua, país difamado, atacado sin piedad, con saña, por los medios publicitarios, por el gobierno, los dirigentes de Arena y la despiadada oligarquía.

La esencia de los gobiernos dictatoriales, autoritarios y represivos es utilizar la propaganda negra y las campañas sucias para ocultar sus contradicciones, su incapacidad para resolver los problemas más angustiantes que abaten a la población; el gobierno y el partido Arena están reemplazando las armas físicas por los slogan (un gobierno con sentido humano, un país más justo, yo voto por mi libertad, yo voto por mi futuro) y toda esa millonaria publicidad a través de los medios de difusión. Es ni más ni menos la coerción física, como uno de los recursos «para preservar el orden del universo político» entre los dueños del circo y sus títeres, marionetas y lacayos.

El «inventarse» una señora de origen nicaragüense (la campesina que aparece hablando sobre la falta de frijoles y leche ha sido filmada y grabada en su casa ubicada en el cantón Jalponga, jurisdicción de Santiago Nonualco) para «abrir los ojos» a los incautos salvadoreños sobre el destino que les espera de votar por el FMLN y llevar a Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, al gobierno, muestra la debilidad, lo artificioso y la demagogia no sólo del discurso de Saca, sino de todo el tejido programático de la fórmula presidencial de Arena.

Eso significa que si el entusiasmo, la esperanza por el cambio y el optimismo de los salvadoreños por «su futuro», «por su libertad» no puede mantenerse con violencia, con amenazas crecientes de despidos, y ni la organización racional del Estado ni sus principios jurídicos son suficientes, es urgente entonces incrementar la propaganda negra, las campañas sucias y la guerra psicológica, sustentar una «base de aceptación general en que se asiente la justificación de la autoridad».

Es exactamente la propaganda política uno de los principales medios para lograr esa «legitimación» y dar un cierto respiro a la oligarquía asustada, desesperada y preocupada por el ascenso de las clases populares. La experiencia inmediata nos dice que cuando el pueblo organizado intentó «tomarse el poder», la burguesía creó y financió los Escuadrones de la Muerte para asesinar a miles de salvadoreños.

En este proceso electoral los dueños del circo y sus marionetas están utilizando todos los recursos a su alcance (en las últimas semanas supuestos «empresarios» y dirigentes políticos venezolanos y ecuatorianos, violando las mismas leyes de la república, se han dedicado a «dar charlas» a empleados de bancos, almacenes, oficinas, instituciones públicas, así como a obreros de fábricas, en las que claramente les piden no votar por el partido FMLN, pues con ello «perderían sus trabajos, sus libertades y atentarían contra su futuro (?)») para revertir los resultados de las elecciones presidenciales del 15 de marzo, que claramente apuntan a una victoria de la izquierda.

Arena intenta vender ilusiones, proyectos y programas que no pudo materializar en 20 años. Sus promesas de «más empleos y mejores ingresos», así como eso de frenar los abusos en los cobros de recibos de luz y en el costo de las medicinas, son simple demagogia, pues es el mismo gobierno el que está hablando de la viga en su propios ojos.

La propaganda, a través de la difusión de la ideología del poder público, elabora los esquemas mentales, las representaciones colectivas; define los valores, norma el sistema de vida en el que la clase gobernante se hace pasar como representante del interés general, para que el ciudadano no únicamente soporte la división tajante de la realidad social de quienes explotan y son explotados, sino que se adhiera al sistema, siga votando y manteniendo el estado de cosas, donde claramente está demostrado que es una minoría la que concentra la riqueza y todos los privilegios, mientras las mayorías poblacionales continúan sobreviviendo en la peor de las miserias.

En su momento, en distintas etapas históricas del país, la oligarquía ha utilizado «diversos métodos» para conservar sus privilegios. Cuando la palabra, la comunicación, la «persuasión» no ha sido suficiente, han acudido a las agresiones físicas y a las matanzas, como sucedió en 1932, cuando más de 25 mil campesinos e indígenas fueron asesinados por las huestes militares dirigidas por Maximiliano Hernández Martínez.

Las leyes por sí solas no se justifican, la palabra tampoco alcanza su máxima expresión cuando no se sustenta en la fuerza y la represión. Ha sido así desde tiempos inmemoriales. Maquiavelo lo señala perfectamente: «Porque quien lee la Biblia con atención verá que Moisés para dotar de valor sus piadosas leyes tuvo que matar a mucha gente».

El partido Arena y sus asesores, por mandato de la oligarquía, han acudido a la propaganda negra y a las acciones psicológicas porque no pueden vencer en buena lid, con reglas claras, a su fuerte y bien organizado rival. Ellos tienen sus propias razones para desarrollar su estrategia y mantener al mismo tiempo su aparente incógnita, pues todos los salvadoreños saben que es «Cruzada pro Paz y Trabajo» o Fuerza Solidaria; pero en el fondo subyace el desprestigio del emisor o de la propaganda misma que al cabo del tiempo y de utilizarse tantos años, es observada con desconfianza y rechazada por los receptores.

Por eso los asesores mexicanos y venezolanos recomiendan al dueño del circo, recurrir a otro tipo de estratagemas, tales como las frases sueltas puestas en boca de líderes aparentemente inocuos de opinión; los rumores, las tesis que propalan conscientemente los columnistas, testaferros y mercenarios de la palabra, como Enrique Altamirano en el diario de hoy, los programas de televisión o noticias relacionadas con el tema, hasta llegar al delito y la infamia, como esa reportera de TCS Noticias que le dio una banderita del FMLN a un niña de cuatro años hija de una vendedora en la población de Cinquera y después la filmaron para presentarla en sus noticieros como «una muestra de la utilización que hace el FMLN de los niños como sujetos de propaganda electoral». (Ver entrevista con profesora acusada en Suplemento 3000 de Co Latino, sábado 14 de febrero del año en curso). Estratagema en la que vilmente también intervino la Ministra de Educación.

No tratamos de dar una lección sobre propaganda política, psicológica o electoral, sino desenmascarar a los promotores de la campaña sucia, los fines que persiguen y hasta los extremos que son capaces de llegar para lograr sus perversos fines.

Arena es capaz de mantener una campaña de tal intensidad debido a los millonarios recursos de que dispone, entre ellos por supuesto los impuestos que pagamos todos los salvadoreños, algo que por cierto debería de investigar la Fiscalía General de la República y la Corte de Cuentas; lo mismo que aplicar las leyes a tanto extranjero indecente que abiertamente se inmiscuye en asuntos que únicamente competen a los salvadoreños. Pero como bien dice la fábula: «Están verdes las uvas».

Por el contrario, el FMLN ha desarrollado una campaña limpia, fuerte, de altos contenidos, personalizada. Y es como mandan los tratados: idealmente una campaña debe sostenerse en la reputación del partido que la patrocina, en la confiabilidad del candidato y en la bondad de su plataforma electoral y sus proyectos políticos.

No se trata de simples slogan, música alegre o imagen, el asunto es más de fondo, por eso cadenas de televisión tan importantes como CNN intentó realizar un debate entre los candidatos a la presidencia de Arena y el FMLN.

Lamentablemente no se pudo hacer debido a la negativa del policía fracasado Rodrigo Ávila, pues no tiene la capacidad de defender sus propuestas con base en argumentos y por ello la decisión de «sus asesores» de intensificar la campaña sucia, la propaganda negra y la guerra psicológica.

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